EL CARTERO SIEMPRE LLAMA MIL VECES

ANDREU MARTÍN Y JAUME RIBERA

DE QUÉ VA

Cuenta la historia de una chica llamada Silvia Jofre, la cual no se relaciona con nadie y se pasa el día leyendo libros y estudiando sin salir de casa. Le gastan una broma publicando un anuncio en una revista que decía: "Silvia está desesperada porque se encuentra sola, y busca amigos, a poder ser, guapitos de cara. Firmado Silvia Jofre".

A la mañana siguiente cuando el cartero trajo el correo había 36 cartas para ella, y no se lo podía explicar. Empezó a leerlas y vio que eran cartas de chicos que le escribían en un tono insinuante y le hablaban de un anuncio que había publicado ella en la revista ''De Todo Corazón''. Dejó de leer cartas porque le parecían insustanciales y fue corriendo al kiosko más próximo a comprar la revista. Cuando regresó a casa siguió leyendo cartas y encontró tres interesantes. Una estaba escrita por Fernando Grau, un chico de clase. Otra estaba escrita por un tal Alfredo que compartía sus gustos y aficiones. Y la última iba acompañada de cinco mil pesetas.

No se explicaba nada de lo que estaba pasando y acusaba de todo esto a Ramón Agut. Este chico era el ligón del instituto y desde que Silvia llegó no ha parado de molestarle con sus insinuaciones y su chulería.

Más tarde le llegó una llamada de un tal Pablo Elorza que decía que era el dueño de las cinco mil pesetas y que necesitaba que se las devolviese. Decía que se había equivocado de destinatario e iban dirigidas a su madre. Entonces quedaron en el Bogey, el pub más caro de Sant Martí, para devolverle el dinero.
Silvia le escribió una carta al interesante Alfredo para contarle lo que había pasado y lo que iba a suceder.

Ella cogió su bici y fue al pub. Dentro había un señor gordo y una señora muy delgada y alta que la miraron al pasar. Sentado había un chico de unos veintiséis años que la saludo, entonces supo que era él.

Se sentó y le devolvió su dinero. Estuvieron charlando durante un tiempo y él le regaló un brazalete dorado de bisutería diciéndole, que no tenía ningún valor pero que era un detalle. Continuaron hablando y Pablo se puso insinuante, entonces Silvia decidió marchase. Camino de su casa se vio perseguida por una moto que se acercaba cada vez más. Cuando la alcanzó le estiró de la mochila pero no se la quitó y Silvia acabo en el suelo. El perseguidor se paró y cogió a Silvia y la tiró otra vez al suelo. De pronto apareció otra persona y empezaron a pelearse. El ladrón le propinó un puñetazo al salvador. Silvia salió corriendo intentando evitar al ladrón hasta que lo perdió de vista. Llegando casi a su casa veía que alguien con una moto iba detrás de ella. Silvia se paró bajo la luz de la farola de su casa y miró a la carretera, entonces el perseguidor se bajó de la moto y la saludó con la mano, demostrando a Silvia que era el que la había salvado.

Llegó a casa confusa e intranquila sin explicarse lo que había pasado. Sus padres salieron a cenar con lo vecinos y ella se quedó con su hermano sola en casa. A mitad de la noche oyó un ruido en casa, abrió la puerta de su habitación y miró en el piso de abajo. Había un ladrón y subía las escaleras hacia su habitación. Silvia se asomó por la ventana y vio a otra persona que rondaba su casa por fuera. Abrió la venta y sintió una una presencia detrás suya. Era el ladrón que le preguntó por el brazalete. Silvia se rio y le dijo que ese brazalete no tenía ningún valor, y el ladrón sacó la pistola. De pronto aquel que estaba en la calle pasó a su casa por la ventana volviendo a enzarzarse en una pelea con el ladrón. Salieron de la habitación, bajaron las escaleras y salieron de la casa peleándose. Silvia se asomó a la ventana y su salvador le volvió a saludar.

Silvia decidió ir a buscar a Riudalgues a Alfredo porque necesitaba contarle a alguien todo lo que había pasado. Lo encontró en una librería y se fueron a tomar un café. Hablaron y ella le contó todo lo que pasaba con el brazalete y hablaron de Ramón Agut. Alfredo defendía a Ramón ya que no se creía la versión de Silvia. Terminaron el café y quedaron en que Silvia llevaría el brazalete a un joyero para que le dijese su valor.

Ella volvió a Sant Martí y decidió coger el brazalete y volver otra vez a ver a Alfredo. Cual fue su sorpresa cuando llegó y vio a Alfredo con Agut. Silvia pasó a la cafetería y le dijo que ya lo entendía todo. Se pensó que Alfredo era el salvador y Ramón era el ladrón y que todo había sido un complot. Silvia cogió en brazalete, se lo tiró a Ramón y regresó a casa.

Al llegar a casa su madre se iba a la peluquería y le dijo que recogiese su habitación. Silvia se quedó pensativa ya que la había recogido antes de salir a Riudalgues.

Estaba viendo la tele y salió en las noticias el robo del brazalete cuyo valor era de sesenta millones de pesetas. Y como principal sospechoso salió en una foto Pablo Elorza, cuyo nombre original era Pedro Orza. Silvia lo entendió todo. Cuando se quiso dar cuenta se vio amenazada por Pedro en el sofá de su casa. Este la secuestró y se la llevó en un BMW. Eran perseguidos por un jeep en el cual iban el hombre y la señora que estaban en el Bogey. Se desviaron de la carretera y se metieron por un camino que llegaba a un viejo balneario. Allí Pedro Orza le volvió a preguntar por el brazalete y ella contestó que lo tenía un amigo de Riudalgues. Al instante llegó el jeep se bajaron del coche y ellos preguntaron por el brazalete recibiendo como respuesta lo que la protagonista ya había dicho. Daniel (el hombre gordo) obligó a Silvia a escribir una carta para Alfredo, diciendo que estaba secuestrada y que le diese el brazalete. Petra (la mujer delgada) llevó la carta a la librería de Alfredo, allí se la dio y él cogió el brazalete y decidió acompañar a Petra donde estaba su amiga.
Llegaron al viejo balneario y Petra sacó la pistola para amenazar a Alfredo, pero este se escapó. Minutos más tarde apareció, y Silvia se llevo una sorpresa al ver que su salvador era Ramón Agut y no Alfredo.

Los secuestradores preguntaron por el brazalete y Ramón dijo que lo había escondido. Al no encontrar el brazalete, Daniel fue a una caseta que había cerca de allí que estaba llena de explosivos. Mientras Silvia, Pedro y Ramón fueron a buscar el brazalete. Todo estaba oscuro y no se veía nada. Agut le dijo a Pedro que se le había caído en la habitación en la que estaban secuestrados, entonces Orza fue a buscarlo.

Silvia le preguntó a Ramón el por qué de todo aquello y este le contestó que lo había hecho porque estaba enamorado de ella. Le contó que fue él quien le escribió la carta y la firmó con el nombre de Alfredo, y que el verdadero Alfredo se hizo pasar por el autor de la carta. También le contó que fue el autor del anuncio y el que le había espiado y salvado del ladrón; solo porque le quería.

De pronto oyeron un ruido, Daniel con una máquina intentaba destruir el edificio. Ramón le había mentido a Pedro ya que el brazalete se le cayó mientras huía de Petra, por lo que encontró, por casualidad, el brazalete y consiguieron salir de las ruinas. Quisieron coger el jeep para huir y avisar a la policía, pero ninguno sabía conducir. Ramón cogió a Silvia de la mano y fueron corriendo hacia la caseta de explosivos. Él prendió la dinamita y se produjo una gran explosión que transformó la noche en día durante unos minutos.

Después de aquello llegó la policía y se los llevaron a comisaría. El dueño del brazalete pagó la recompensa y detuvieron a los ladrones. Desde aquel día Silvia cambió su opinión hacia el mundo exterior y empezó a salir de su habitación.

Recomendación:

Es un libro muy entretenido, que hace pasar miedo. La protagonista hace reflexiones después de todo lo sucedido y cambia su forma de ver las cosas.
Aparecen distintos personajes con distintas cualidades. Ramón se presenta como un personaje romántico que esconde sus miedos e intimidades detrás de una coraza de chulo y prepotente. Y Silvia evita aquellos peligros exteriores encerrándose en su habitación, hasta que su vida cambia por completo

ANDREA D. 4º DE ESO.